El Poder de una Sonrisa
“Es más fácil obtener los que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada” – William Shakespeare
Existen días malos y días buenos… bueno… eso creía yo. He tenido días en mi pasado en los que he deseado no haberme levantado de la cama y cerrar los ojos para que pasase lo más rápido posible, con la esperanza que el día siguiente fuera mejor. Imagino que este estado de ánimo ocurre con mucha frecuencia en nuestras vidas. Un cúmulo de malas noticias, situaciones embarazosas, malos momentos… Días negros. Agujeros negros.
Lo importante es la actitud con la que afrontamos cada día, cada momento. Tenemos la elección en nuestras manos, o dibujar una sonrisa y mover quince músculos…. o arrugar la frende y mover más de cuarenta músculos… es decir… ¡Cuesta más poner mala cara que buena cara! Inviertamos positivamente nuestra energía.
La sonrisa, es una auténtica fuerza vital, consigue mover lo que parece inmovible. La sonrisa es de las pocas acciones que posee un valor y potencial enorme desde el momento en que se da. Nos abre muchas puertas, genera actitudes positivas y mejora las relaciones interpersonales. Sin duda, la sonrisa tiene el poder de abrir cualquier puerta que encontremos en nuestro camino.
Cuando descubrí el poder de una sonrisa comprendí que la clasificación de días buenos y días malos era obsoleta, así que transforme la clasificación en días en los que sonrio y días en los que se me olvida sonreir. Es verdad que a veces nos llegan noticias que nos causan dolor, llanto, rabia y un sinfin de emociones negativas… pero si se intenta y se sonríe, no se sabe porqué pero la situación mejora, el peso que soportamos en nuestros corazones en ese momento se aligera. No digo que con una sonrisa desaparecen todos los males, ¡chas, por arte de magia! pero sí que con una sonrisa nuestra actitud cambia. Uno debe sonreír, aunque nuestra sonrisa sea una sonrisa triste, porque aún mas triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír.
Animo a que cada día que nos levantemos nos hagamos la promesa de sonreír a todas las personas que se crucen ese día en nuestro camino, incluidas las personas desconocidas, y podremos comprobar que el día es completamente diferente, es en una palabra: mejor! Recibiremos mejores atenciones y respuestas de los demás, y a nivel personal, emocional, nos sentiremos mejor. ¡Es increíble!
Siempre me ha gustado la frase que un sonrisa enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la ofrece, y aunque muchas veces podrá durar sólo un segundo, su recuerdo en ocasiones nunca se borrará.
Por otro lado, la sonrisa es propia del ser humano desde el momento del nacimiento. Si nos fijamos en un recien nacido, sabe sonreir por sí solo, es nuestra naturaleza, e incluso con personas con discapacidades físicas, por ejemplo la ceguera, saben sonreir sin necesidad de ver a alguien cómo se hace. Invita a la reflexión. ¿Por qué a medida que las personas crecen pierden la facultad y facilidad para sonreir? Cambiemos nuestra actitud por una actitud proactiva para ser felices, por la actitud de sonreir.
Cambia tu actitud del día a día. Sonríe.
El Atardecer de la Vida
Allí estaba… sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda,; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera, pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada…
Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto, que me fue muy difícil acercarme a preguntarle, o siquiera consolarlo. Por el frente de su casa pasé mirándolo , al voltear su mirada la fijó en mí, le sonreí, lo saludé con un gesto, aunque no cruce la calle…no me animé, no lo conocía, y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad, seguí mi camino , sin convencerme de estar haciendo lo correcto.
En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y, ni bien llegué a mi casa, comencé a leerlo, esperando que el tiempo borrara esa presencia…pero esa lágrima no se borraba…
Los viejos no lloran así por nada, me dije. Esa noche me costó dormir, la conciencia no entiende de horarios, y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logre dormir.
Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas, y muy de prisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar. Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre.
- ¿Qué desea?, preguntó, mirándome con gesto adusto.
- Busco al anciano que vive en esta casa.
- Mi padre murió ayer por la tarde, dijo entre lágrimas.
- ¿Murió?, dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nublo y los ojos se me humedecieron.
- ¿Y usted quién es?, volvió a preguntar.
- En realidad nadie, contesté. Y agregué: ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y, a pesar de que lo saludé, no me detuve a preguntarle qué le sucedía… hoy volví para hablar con él, pero veo que es tarde.
- No me lo va a creer pero usted es la persona de quién hablaba en su diario.
- Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación.
- Por favor, pase me dijo aún sin contestarme.
Luego de servir un poco de café, me llevó hasta donde estaba su diario, y la última hoja rezaba:
Hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable…hoy es un día bello…

